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Escuela, esquina, amigos, novias, parque, potrero,

boliches, tablado, murga, medio tanque y tamboril...

Rompen las olas contra el murallón y por el repecho

de Gutiérrez trepa el viento sur con el rugido de

goooool y el silbato de un tren...


Donde se fueron los gorriones pardos de mi barrio,

donde están aquellas caras y manos vecinas..., donde

aquellos afectivos encuentros que sobre esas veredas

de cálidos febreros con zaguanes abiertos, fragantes

jazmines y sillas afuera, forjaron nuestra infancia

y juventud...


En la avalancha del tiempo se nos desvaneció la poesía,

sólo quedan nostálgicas imágenes con la Bahía Montevideana

y el puerto allí enfrente... como únicos y mudos testigos

de que una vez bajo ese cielo capurrense y sobre sus veredas,

fuimos lo que fuimos... un bello y melancólico recuerdo sin

retorno, anidado para siempre en lo más profundo del corazón.


"Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la

vida y entonces comprende como están de ausentes las

cosas queridas"...


jcp

Caracas, 2016





Hay noches en que desde Estambul los fantasmas llegan hasta

aquí, se sacan los tacones, dejan su bata sobre la silla, se

sueltan el pelo y se meten en mi cama abrazando el ensueño...


Entonces al otro día dicen los que me han visto..., que me

encuentro medio transparente, casi sepia, absorto, destrozando

un tango, muy distante ..., fotografiando tu silueta turca que

perenne ronda en mi mente... Después..., después a eso de las

siete de la tarde se me pasa, entonces..., entonces vuelvo en

mi, me siento bajo el parral, pongo un disco y entre mate y

responso de Troilo, a través del tiempo te escribo cartas de

amor a ninguna parte... No se tu!... Adalet!.


jcp

Caracas/Estambul 2016


Actualizado: 8 sept 2021


Le cuento:... Al final de la noche con el tango pasional

sonando en el disco, dejo la pluma, doblo la hoja

la meto en un sobre, me levanto tomo una caja

caoba levanto la tapa y dejo caer la carta en su interior,

abierta y sin señas... enciendo un cigarro me siento

en el borde de la cama y dejo que el tango me lleve hasta

el borde de su sueño... Y así cada noche, en la caja caoba

hay cientos de sobres iguales... abiertos y sin señas.


Estoy parado sobre los 60 y aún creo que en alguna parte

de este mundo encontraré a la dulce dama que desde siempre

ha sido mi mujer. A veces me lamento que el destino me

haga esperar tanto, pero con el tiempo he aprendido a

calmar la ansiedad... Desde hace muchos años tomo la pluma

y escribo, no tengo nombre ni dirección para poner en los

sobres..., pero en esas cartas tengo una toda una vida que

contar... y a quien sino es a ella?... Siento que cuando la

encuentre será hermoso depositar en su regazo una caja de

caoba perfumada repleta de cartas y decirle: "Te esperaba"

mientras de fondo suena pasional...


Entonces ella abrirá la caja lentamente, leerá las cartas

una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta

azul, recobrará los años, los días, las horas, los instantes

que yo incluso antes de conocerla ya le dedicaba...

O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y atónita ante

aquella divertida montaña de cartas, me mirará desconcertada,

sonreirá... exclamará: TU ESTAS LOCOOOOO!!!... entonces le

dará replay a "pasional"...


y me amará para siempre!!...


Eso es todo??... Si! Dr. Sigmund!!... Ok! le voy a firmar

el alta y lo voy a derivar al "Club de Solitarios con

Milongueras Pretensiones"


jcp

Caracas, 2016



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